Le pedimos a Eva Serrano, lectora profesional y profesora de "Crítica y lectura profesional", que nos contara muy brevemente lo que tiene que saber un lector. El resultado es este gran "Decálogo del Buen Lector" que servirá a todos aquellos interesados en la crítica y la lectura profesional.
DECÁLOGO DEL BUEN LECTOR
No existe un lector tipo, es decir, no existe un CV de lector tipo. Las condiciones para serlo no son exactamente traspasables a un retrato profesional. Podría decirse que se precisan más "cualidades" que "cualificaciones".
El lector profesional proviene de profesiones y actividades de lo más variopintas: hay filólogos, periodistas, profesores, amas de casa, informáticos, estudiantes... Las edades varían desde los veintipocos hasta los 60 años.
Estadísticamente es cierto que hay más mujeres lectoras que hombres. Las razones de este desfase entre sexos varían pero en general, podría decirse que la principal es económica. El trabajo de lector está mal pagado y requiere paciencia, es decir que hace falta que quien lo realice no dependa exclusivamente de los ingresos de la lectura para subsistir y tenga tiempo. Desgraciada o afortunadamente estas dos condiciones suelen darse más en las mujeres que en los hombres, pero también es cierto que dado que el comprador de libros es mayoritariamente femenino, los editores suelen confiar más en la opinión de una mujer a la hora de considerar la publicación de un libro.
Un editor me dijo una vez que el lector que todas las editoriales buscan es alguien intuitivo, objetivo, con sentido crítico, con confianza en su propio criterio y sobre todo, que sea un amante de las letras, pero no necesariamente que quiera él mismo ser escritor. Yo añadiría que esto último sería más un hándicap que una ventaja. Primero, porque acabará perdiendo cualquier vocación de escribir y segundo porque necesariamente le resultará muy difícil ser objetivo.
A las condiciones anteriores yo incluiría que hay que tener muchísima paciencia, poca vida social y unas necesidades económicas mínimas. Además, mucha modestia. El lector tipo no debe reflejar sus gustos literarios, sino entender para quién trabaja y qué tipo de libros publica su editorial. En general, los lectores muy exquisitos sólo pueden trabajar para editoriales minoritarias. Es decir, no hay que ser un intelectual para ser lector editorial, hay que ser un comprador de libros, alguien de criterio abierto que puede disfrutar con Guerra y Paz pero que también pueda divertirse leyendo en la playa el Código Da Vinci o Los Pilares de la Tierra. Ah, y que te guste ir a las librerías, darte una vuelta por la sección de libros de los grandes almacenes, la FNAC, mirar en internet la página de la Casa del Libro...
Un lector no debe expresarse a sí mismo en un informe, sino que debe explicar un libro a alguien que no lo ha leído. En todo caso, la sintonía entre el editor y el lector es la clave. Hay un asunto que no por evidente debe dejar de ser resaltado.
EL LECTOR NO ES UN CRÍTICO LITERARIO. No debe buscar su propio lucimiento sino la eficacia, es decir, transmitir al editor datos que faciliten su decisión. Un informe es una herramienta, no un fin en sí mismo.
Por Eva Serrano